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Usando la fotografía como técnica principal de expresión artística, Ángel Marcos, nos sitúa delante de lo cotidiano haciéndonos reflexionar sobre nuestra propia condición. Éstas imágenes nos invitan a disfrutar en una primera mirada, luego el espectador se sentirá sumergido en una especie de desazón o al menos de interés inquietante. Sus obras cargadas de un gran atractivo plástico, nos devolverán al mundo con una realidad crítica poco común.

Diferentes críticos han opinado sobre su obra con criterios diferentes, pero siempre haciendo referencia a su especial interés en fotografiar en lugares que podrían denominarse el “no lugar”. Sus fotografías a veces construidas juegan con la falsa certeza colectiva de la “fotografía – verdad”, pero al mismo tiempo el reconocimiento por parte del autor de que son imágenes construidas, hacen situarse al espectador en una posición mas crítica.

Alrededor del sueño (2001) , son obras realizada en New York, donde a través de imágenes tomadas en los alrededores de Manhattan nos plantea la imposibilidad que nos amenaza para acceder al logro de los deseos. Ángel Marcos ha construido sus propios anuncios publicitarios y los ha situado próximos a esta ciudad soñada por muchos, como la isla donde los tesoros escondidos todavía se pueden encontrar.
...En muchas obras de la presente serie, las imágenes que se instalan añadidas en revistas abandonadas o en vallas lejanas o en enormes cajas de luz, traspasado el primer umbral de su presencia y actitud para/lingüísticas, se convierten en una puerta abierta para el descenso hacia una mise en abîme de impensable e incalculable profundidad, de ahí lo inquietante de semejante posibilidad de lectura. Pero especialmente en las obras que muestran grandes vallas y paneles, éstas se convierten casi en imágenes de extrañas esculturas públicas, elevadas sobre pedestales que las hacen aún más visibles, solitarias meditaciones convertidas en intervenciones en un espacio público, abierto y, la mayoría de las veces, desolado —¿el espacio ampliado de lo público para las imágenes en la era de la postfotografía?—, meditaciones acerca de los roles, de los géneros, de la violencia, de la domestificación, de la dominación, de la ironía, de la sumisión. ¿Quién ve, pues, esas imágenes instaladas en esos lugares?, ¿quién las coloca?, ¿cuál es su efecto y su eficacia?, ¿...singulares epígonos de los personajes hologramáticos —“le double fantomatique”, en palabras de Hervé Guibert— que pueblan la isla de La invención de Morel, el gran relato inaugural de Adolfo Bioy Casares? Todo lo que vemos en las imágenes de Ángel Marcos, dejando atrás los márgenes de un inevitable efecto pulsión de muerte de cuño barthesiano, todas esas situaciones que se (nos) muestran hoy, no es que ya no existan o que hayan desaparecido, sino que nunca han existido. Nunca han sido. Ni serán. A este respecto, es en Alrededor del sueño 3 donde se descubre el corazón de la profunda naturaleza del trabajo de Ángel Marcos y de los dispositivos empleados para su construcción, la imagen frontal y chocante del bloque de hormigón prefabricado con esas dos ventanas a través de las que poder ver lo ficcionalizado o con esas dos pantallas sobre las que poder proyectar lo escenarizado, casi una naturaleza muerta barroca en pleno éxtasis del artificio, casi una de esas aberturas a los espacios (en)cerrados à la Sánchez Cotán. Y, por lo tanto, si se trata o bien de ventanas a través de las que ver o bien de pantallas sobre las que proyectar, habrá que pensar dónde estamos los espectadores, dónde nos debemos ubicar y, en consecuencia, qué papel adoptar ante la llegada de las imágenes, cómo actuar ante la omnipresencia de lo visual y cómo negociar con esa suerte de falsa memoria, con esos recuerdos inventados, con todo ese material de archivo impostado, en su mayoría ordenado en base a elipsis, enigmas y cuanto acontece fuera de campo: cómo mirar lo que veo y cómo leer lo que miro...

Extracto del texto de Manel Clot, Nuevas meditaciones del paseante solitario en Ángel Marcos, Alrededor del sueño, Taller de la imagen, Valladolid 2002.
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La propia ciudad de Nueva York, ahora capturada desde el interior de Manhattan, sirve de contrapunto a las expresiones esperanzadas, soñadoras de la comunidad inmigrante latinoamericana. Los rostros velados en primer plano de las personas procedentes de todo aquel marco geográfico, quedan yuxtapuestos a la imagen nítida de la arquitectura de la ciudad neoyorquina. Como si se tratase de un estado irreal o quizás sólo subjetivo, como aquellas imágenes de los cineastas impresionistas que mostraban los estados sentimentales del sujeto mediante la distorsión formal de las imágenes, el artista compone un verdadero damero en el que se alternan personas y paisajes urbanos. La metrópolis norteamericana como receptáculo de los sueños latinos, sueños que en no pocos casos acaban frustrándose. Ángel Marcos vuelve a jugar en esta instalación fotográfica con una estrategia ciertamente filmográfica. Me refiero a ese montaje, y aludo al término en su estricto sentido cinematográfico, que lleva a cabo; un montaje por contraste en el que alternativamente se sitúa el primer plano humano de las correspondientes personas retratadas y el plano general que remarca distintas partes de la ciudad, un recurso semejante al que utilizara por ejemplo Alfred Hitchcock en la conocida secuencia del incendio de la gasolinera en Los pájaros, en su caso contraponiendo el rostro, primero ajeno al incidente, enseguida aterrado, de Tippi Hedren (Melanie Daniels).

Extracto del texto de Javier Hernando Carrasco, Escenografías de la aflicción Ángel Marcos, Alrededor del sueño, Taller de la imagen, Valladolid 2002.
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Pongamos que la cámara de Ángel Marcos –y todo el trabajo posterior, sea realizado en laboratorios químicos o digitales, en máquinas que transforman moléculas, cifras o el signo de microcircuitos- realiza ese mismo trabajo. Me importa defender esto porque pienso que el interés de una producción se deja detectar cuando aquello de lo que habla y el método que lo produce en cierta forma coinciden, se refractan mutuamente. Quiero decir que lo interesante de este trabajo no es solamente que nos habla de modo inteligente sobre el soñar en nuestro días: sino que en cierta forma también es producido bajo la forma del soñar en nuestros días –valga decir, acoplando máquinas a máquinas, (ópticas a químicas, químicas a digitales, y unas y otras a deseantes, a soñadoras) y dejándolas (a todas) producir su trabajo: capturar, fragmentar, sustituir, recomponer, fundir ... –desear, interrumpir, condensar, significar.

El trabajo de Ángel Marcos explora así un territorio fronterizo, limítrofe: un no-lugar, la zona porosa de una permanente transición posible –pero permanente y desigualmente dificultada. Un lugar de transición pero también un lugar de corte, de interrupción y rechazo. El lugar en el que los sueños se proyectan y se cortan, se definen y al mismo tiempo son vueltos imposibles, irrealizables –o cuando menos extremadamente problemáticos.

Al mismo tiempo, ese territorio es definido como transitivo por otra mirada, esta vez geopolítica. Estamos ante una territorialidad a la vez explícita y metafórica –y en ambas dimensiones su membrana se dibuja en el proceso de una ósmosis turbia, como lo que deja e impide pasar. Por un lado entonces se habla de esos flujos de personas y mercancías que –compelidos a transitar fronteras y tierras- marcan el signo del tiempo en la época del capitalismo globalizado. Pero al mismo tiempo se habla de esos otros flujos del deseo hacia sus realizaciones en objetos y personas, en los deseos y su gestión –en las producciones globales de identidad y pasión. De alguna forma ambos no lugares –ambos territorios del corte- coinciden, como círculos anudados (quizás por la figura –a la que en tal caso le faltaría el tercer círculo- del borromeo lacaniano). La frontera de la desdicha, del deseo frustrado en el problema, es también una frontera de clase –quizás de etnia, de frontera, una cuestión de papeles, leguleya.

Extracto del texto de José Luís Brea, Sueño y trabajo en Ángel Marcos, Alrededor del sueño, Taller de la imagen, Valladolid 2002.



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Alrededor del sueño 1
 Alrededor del sueño 1