Rastros

Son rastros construidos para verificar acontecimientos, éstos suceden a veces, pero otras veces sólo aparecen en la mente de quien los crea. Al final da igual, poco importa cómo se han generado, porque el resultado, aunque simulado, genera la impronta de lo acontecido. Objetos universales que producen por su disposición en la naturaleza pulsiones capaces de reconocer experiencias que antes tuvimos.
A través de los objetos, “Rastros” representa lo acontecido, lo que no aconteció, lo que está o estará aconteciendo o lo que podría haber acontecido.
En la naturaleza, en lugares que se asemejan a templos, altares naturales, se han instalado pruebas evidentes de relaciones, aspiraciones, deseos y realidades. Nos cuentan historias sobre recuerdos, cómo éstos repercuten en nosotros y de cómo los objetos lo representan. Situaciones cargadas de realidades o pensamientos pasados, dispuestas en escenarios genéricos pero aislados y siempre con criterios claros de soledad.
Ángel Marcos siempre ha estado haciendo incursiones en el complejo ámbito de los deseos, ha trabajado ampliamente en cómo esos deseos son manipulados, a veces ha construido imágenes próximas a cierto realismo mágico y para ello, ha jugado con apropiarse de esa verosimilitud que da la fotografía al mismo tiempo que usa a ésta como herramienta de construcción de imágenes o de capturas de situaciones una vez que se ha dispuesto una escenografía altamente preparada. En “Rastros”, Ángel Marcos ha distribuido su iconografía personal en trozos de espacios naturales ante una cuidada reflexión de cómo estos objetos juegan con la memoria. En su relación con el tiempo, hace que nos situemos nítidamente en lo escenificado ocupando el presente, el pasado o el futuro de unas acciones difícilmente evitables.
Da la sensación en este trabajo de que el autor hubiera experimentado un viaje de búsqueda minuciosa por una geografía que conoce perfectamente, un viaje por un paisaje donde parece que se encuentra cosas que fotografía, cuando realmente estas cosas han sido halladas mucho antes y situadas allí como ofrenda a esos apartados del afecto que cada uno mantiene intactos y a la vez más o menos ocultos.
Es seguro que uno de los grandes aciertos en la elección de sus escenas es el amplio espectro universal que tienen los objetos con los que las compone, éstos transcienden lo marcadamente local y personal para ocupar posiciones claras de representación colectiva.